Miles de estudiantes toman las calles de París y se enfrentan a la policía

Miles de estudiantes toman las calles de París y se enfrentan a la policía

Una marea de decenas de miles de jóvenes estudiantes protagonizó este sábado 17 de octubre una manifestación en París durante la jornada de protestas con reivindicaciones sociales en Francia, una marcha atravesada por la tensión y los continuos choques con las fuerzas de seguridad.

Buena parte de los participantes en el evento, que comenzó en una Plaza de la República atestada y en la que se respiraban por todos lados los gases lacrimógenos que lanzaban las fuerzas del orden para repeler los continuos choques con jóvenes encapuchados, llegaba con el impulso de la movilización de los alumnos de liceos y universidades francesas de las últimas semanas. Por ello, las principales demandas se centraron en la mejora de la educación: la contratación de más profesores, el mantenimiento de los centros y un aumento en las becas.

Durante la marcha se escucharon diversos testimonios que reflejan la situación económica actual. “Mi beca no me basta para vivir”, se quejó Moubarak, un estudiante de Tecnología de Datos en la Universidad de la Sorbona de París, que en declaraciones a EFE contó que recibe 80 euros al mes, de forma que no se compra el abono de transporte metropolitano y por eso se tiene que saltar los controles en el metro. “He venido aquí porque queremos garantizar un futuro mejor para nosotros, pero también para nuestros hermanos pequeños y más tarde para nuestros hijos”, subrayó Moubarak antes de añadir que con 18 años tendría que poder salir con sus amigos, pero está “obligado a sobrevivir en el día a día”: “Me encuentro el fin de semana que no sé lo que voy a comer, sólo me quedan huevos y pasta”.

Testimonios desde la marcha: “Mi beca no me basta para vivir”

“Mi beca no me basta para vivir”, se quejó Moubarak, un estudiante de Tecnología de Datos en la Universidad de la Sorbona de París, que en declaraciones a EFE contó que recibe 80 euros al mes, de forma que no se compra el abono de transporte metropolitano y por eso se tiene que saltar los controles en el metro.

“He venido aquí porque queremos garantizar un futuro mejor para nosotros, pero también para nuestros hermanos pequeños y más tarde para nuestros hijos”, subrayó Moubarak antes de añadir que con 18 años tendría que poder salir con sus amigos, pero está “obligado a sobrevivir en el día a día”: “Me encuentro el fin de semana que no sé lo que voy a comer, sólo me quedan huevos y pasta”.

En una línea complementaria, Malwen, una estudiante de derecho internacional que había acudido a la marcha con su hermana gemela, denunció que su presencia buscaba hacer visible que “hay una falta de medios en las universidades, en los liceos, en los colegios, en toda la educación”. “También en los hospitales y en todos los servicios públicos”, añadió Malwen, que contó esperar que esta movilización “pueda hacer que las cosas se muevan, que haya más medios como lo hemos podido ver con un nuevo anuncio para la educación”, en una aparente alusión a las medidas presentadas por el Gobierno el pasado día 8 para sustituir a los profesores ausentes y contratar más.

La tensión también se reflejó en los lemas coreados por los manifestantes, vinculados a concentraciones de la izquierda radical como “todos somos antifascistas” o “todo el mundo detesta a la policía”, cuerpo que fue blanco de numerosas pancartas y críticas por su actuación durante las semanas de movilización estudiantil. Julie, una mujer de 50 años que dijo trabajar como directiva de grandes empresas y haber llegado desde Niza para la manifestación, señaló que cuando era joven también participaba en ese tipo de protestas pero que entonces la policía no llegaba a utilizar los gases lacrimógenos como ahora: “Nunca nos atacaban así”. “Estoy aquí para apoyar a los jóvenes y a la gente que no tiene dinero”, añadió Julie antes de insistir en que hay que “obligar al poder a cambiar su política, hacer más política social, dejar de enriquecer a los ricos y de empobrecer a los pobres”.

Por su parte, la crisis de los servicios públicos y la salud en Francia también ocupó un espacio central en las reclamaciones. Zineb, una joven sanitaria que trabaja en un hospital público, criticó que los salarios para su colectivo llevan “congelados desde hace mucho tiempo” y que lo único que han conseguido para compensar el efecto de la inflación es “un aumento de 150 euros en forma de prima”. “Somos los que sostenemos los hospitales públicos, pero trabajamos en muy malas condiciones, se maltrata a los pacientes, hay algunos que pasan más de una semana en camillas”, destacó Zineb, que advirtió de que muchos de sus colegas se marchan al sector privado o al extranjero porque “no nos tienen en consideración, no estamos reconocidos y estamos mal pagados”.

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